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Desde ya les agradezco a todos y pido disculpas si no se agrega la fuente por que muchos correos no la poseen y para no cometer errores no se agrega pero en este pequeño equipo estamos muy agradecidos para con todos. Muchísimas Gracias a todos en general por su valiosa información y por su cordial atención.

Equipo Infinito.

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sábado, 3 de julio de 2010

El Nacimiento de las Isondúes


Cuentan que en el inicio de los tiempos, cuando Tupá, el dios supremo de los guaraníes, creó a los hombres, quiso que tuvieran lo necesario para sobrevivir, por lo que les regaló el fuego para que se calienten durante las noches frías. Entonces los hombres vivían en armonía y se reunían cordialmente a la luz de las fogatas para hablar y compartir experiencias, cuentos y risas.

Un día, Añá, el espíritu del mal, andaba caminando por esas tierras y se encontró con los hombres reunidos alegremente alrededor del fuego. Su oscuro corazón quedó lleno de envidia puesto que esperaba ver al hombre sufriendo a causa del frío. En cambio los halló riendo y compartiendo charlas en paz, sin motivo para discutir o pelear.

Furioso decidió apagar el fuego que reunía a los hombres, por lo que se transformó en viento y arremetió contra las fogatas apagándolas una a una. Las chispas saltaban y volaban de acá para allá, y Añá las perseguía tratando que no quede rastro de fuego. Los hombres se quedaron petrificados a causa del miedo y de la sorpresa del viento nocturno. Todo parecía favorecer las crueles intenciones del mal.

Pero Tupá estaba viendo lo que pasaba por lo que decidió engañar a Añá y transformó las chispas que perseguía en pequeños insectos que al volar se prendían y apagaban fugazmente, y a los cuales llamó Isondúes. Añá, sin tomar conciencia del cambio, continuó soplando atrás de los bichitos que se fueron alejando de los hombres, prendiéndose y apagándose intermitentemente, diseminándose por los montes.

Mientras tanto, Tupá volvió donde estaban reunidos los hombres y les enseño a reavivar el fuego a partir de las brasas que aún permanecían encendidas.

Así fue como nacieron las luciérnagas o bichitos de luz, las cuales todavía andan de aquí para allá mostrando su brillo a intervalos y engañando a Añá, que continúa volando tras de ellas y soplándolas pensando que son las chispas del fuego que reúne a los hombres.

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