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Equipo Infinito.

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jueves, 16 de junio de 2011

El Malleus Maleficarum, Un Tratado para Luchar Contra los Brujos



La brujería es, en su origen, una sobre-vivencia de las religiones paganas en las que los fieles creen poder comunicarse con las fuerzas de la naturaleza. Al pasar el tiempo y a medida que el Cristianismo gana terreno, se presenta al brujo como manteniendo relaciones con el diablo; por eso es perseguido por la Iglesia Católica que es, de ahí en adelante, todopoderosa. Hacia el año 1483 aparece el Malleus Maleficarum (El Martillo de los Brujos), manual para combatir a los demonios, que se convierte rápidamente en el breviario de todos los inquisidores.

Una nueva forma de herejía
Según la tradición, el brujo es aquel que sabe obtener, por medios mágicos e inconfesables, satisfacciones espirituales y materiales. Personaje ambiguo, capaz de hacer el mal, pero también de curar, es a la vez temido y respetado por las poblaciones campesinas, las que suelen atribuir grandes virtudes a las pociones que éste prepara. Pero desde el siglo X, la Iglesia Católica ve en él a un enemigo que encarna la sobre-vivencia de las prácticas pre-cristianas y a un herético que se ha convertido en el servidor del diablo. Ya por el año 900, la brujería es denunciada por el monje Regimon de Prüm. Luego, en 1270, aparece el Summa de Officio lnquisitionis (el Tratado del Oficio de la Inquisición) que dicta las penas a los seguidores del demonio. En 1535, en la ciudad de Tolosa, un bullado proceso se lleva a cabo en el tribunal de la Inquisición. Sesenta y tres hombres y mujeres acusados de herejía confiesan bajo tortura adorar al diablo y asistir a aquelarres. Desde esa época los crímenes de herejía y de brujería van unidos. Un demonólogo de la época, Juan Vinetti, en su Tractatus contra demonum invocatores (Tratado contra los invocadores del demonio), de 1450, incluye de manera explícita la brujería en la herejía.
Pero es sobre todo en el siglo XV cuando se desarrolla una violenta represión contra la brujería. El mismo Papa interviene: Inocencio VIII promulga, en 1484, una bula, Summis desiderantes que condena la brujería, como ya lo habían hecho las autoridades de la época. La publicación del Malleus Maleficarum se inscribe en este contexto. Por lo demás, no es el único código destinado a guiar a los inquisidores, ya que se inspiran también en otros manuales del mismo género: el Practica Officii Inquisitionis (Práctica del Oficio de la Inquisición), escrito por el inquisidor Bernard Gui (personaje que Umberto Eco hace aparecer en su novela El nombre de la rosa ) y el Directorium Inquisitorum (Guía de los Inquisidores), redactado por Eymerich.

Inquisición
La Inquisición es un tribunal religioso de excepción encargado de perseguir a los heréticos, que son entregados después al poder civil para sufrir su condena. Creado en el siglo XIII para luchar contra los heréticos cátaros y valdenses, se extiende progresivamente a los brujos y a los adivinos. Debe su nombre al procedimiento inquisitorio, el que da al juez un papel preponderante en la conducción del juicio. Así, los inquisidores buscaban ellos mismos a los sospechosos y podían citar a todos los habitantes de un pueblo. Numerosos medios de fuerza son empleados para obtener confesiones, incluyendo la tortura. Las penas más graves son el encarcelamiento a perpetuidad, junto con la confiscación de los bienes y frecuentemente la hoguera. En Alemania y en España, la Inquisición tiene un auge particularmente importante. Se hace notar por terribles exacciones principalmente en España, donde el siniestro inquisidor general Torquemada (1420-1498) recibió incluso la desaprobación del propio papa Sixto IV.

Brujas, más que brujos
El Malleus Maleficarum se debe a dos inquisidores dominicos, uno de ellos Jakob Sprenger (1436-1505), superior de un monasterio.
El propósito de los autores es convencer a la población de la realidad de la brujería y entregar a los inquisidores un método para tratar lo que consideran una forma gravísima de herejía. El papel que se deja a la delación es importante y el recurso de la tortura, llamada "pregunta", se utiliza si es necesario. Esta última aparece como un medio, entre otros, para obtener confesiones, y los tribunales religiosos no son los únicos en utilizarla. Los autores hacen notar que la brujería es un fenómeno esencialmente femenino. Al respecto, sólo constatan un hecho: los juicios por brujería afectan mayoritariamente a mujeres. Las cifras de las cuales disponemos muestran que un hombre por cada tres o cuatro mujeres es condenado por ese crimen. Se hace manifiesto el antiguo sentimiento de misoginia o, en todo caso, el recelo de la Iglesia hacia las mujeres; las hijas de Eva son, para la Iglesia, un foco de eterna tentación. A esto se agrega un temor a la sexualidad encamada por las mujeres. Las páginas del Malleus Maleficarum relativas a la mujer dicen mucho sobre el temor y el desprecio que estos dominicos les profesan.
El Malleus Maleficarum inspira a una serie de textos similares que alimentan, a su vez, los veredictos de numerosos procesos. Por toda Europa se extiende la lucha contra la herejía, variando su visión en las distintas épocas. Las más conflictivas requirieron una mayor represión. Alemania se caracterizó por ser la más sangrienta. La violencia de los jueces era a veces tan extrema, que suscitaba sublevaciones. Ciertos inquisidores fueron asesinados, como el fanático Conrado de Marburgo. En el Nuevo Mundo también se practicaron juicios por brujería, como el muy famoso celebrado en 1693 en Salem.
Después de alcanzar su apogeo a principios del siglo XVI, esta represión comienza a declinar hacia el siglo XVII. Pero fue tan intensa por mucho tiempo que la expresión "caza de brujas" todavía permanece en nuestros días como sinónimo de persecuciones arbitrarias e inicuas. Persecuciones vanas por lo demás, ya que brujos y brujas siguen llevando a cabo sus misteriosas prácticas, o abusando de la credulidad popular en varios lugares del mundo.

Pequeño recorrido por el mundo de la brujería moderna En Auvernia.
En Saint-Anthème, alfileres y luego piedras atacan la granja de Buriane. El hecho suscita tal conmoción pública que la televisión llega al lugar en 1985. Sin embargo, no se encuentra ninguna explicación. Varios videntes tratan de dilucidar el caso, hasta que un mago deshace el maleficio y señala al culpable; una vecina que es bruja.
En China. Durante el Año nuevo lunar en 1980, la radio difunde un mensaje prohibiendo a todas las brujas salir de sus casas. El mismo año un parlamentario, diputado de la provincia de Heilongjiang (noreste del país) es acusado de brujería y relevado de sus funciones.
En Tanzania. Monseñor Emmanuel Milingo, obispo de Lusaka, comparece frente a otros religiosos acusado de brujería, por practicar la imposición de las manos y jugar al curandero, poder reservado en la cristiandad a los santos y a ciertos reyes.
En Zimbabwe. El Ministro de Salud, Ushewokune, anuncia en 1980 que está convencido del real poder de los brujos curanderos. A tal punto, que piensa incluso pedirles a los médicos que ayuden oficialmente y que tengan "un papel vital para restaurar la salud".
En Estados Unidos. El país del capitalismo triunfante hace honor a su reputación, probando que todo puede ser vendido, incluso implementos de brujería. En 1980, una cadena de tiendas llamada The Sorcerer ("El brujo) lanza al mercado artículos de este tipo, tomando simplemente la precaución de indicar en el producto que su uso requiere cierto grado de iniciación.

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