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Equipo Infinito.

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martes, 7 de junio de 2011

La Monja Negra de Moret



En el otoño del año 1695, toda la corte asiste a una extraña ceremonia: una joven negra
pronuncia sus votos e ingresa al convento de las benedictinas de Moret. Luis XIV le hace
entrega de una generosa pensión. ¿A qué se debe tanta consideración? ¿Será ella de sangre
real?
Hija del rey Felipe IV de España, María Teresa de Austria se casa con Luis XIV en 1660, la
infanta se sabe predestinada a un matrimonio real. En su primer encuentro, se enamora
profundamente de su futuro marido. Luis XIV, por su parte, sigile el consejo del sutil
Mazarino; desposa a la alianza con España al mismo tiempo que una madre para sus futuros
hijos. Madame de Motteville cuenta que, al salir de su primera entrevista con la que sería su
esposa, el rey declaró “al señor príncipe de Conti y al señor de Turenne que, en un principio,
la fealdad del peinado y del vestido de la infanta lo habían sorprendido, pero que al mirarla
con más atención había visto que poseía mucha belleza y entendió que le sería fácil amarla”.
Dicho de otra manera, el rey se resigna frente a esta niña gordita y con los dientes dañados
a la que sabe que tendrá que desposar.

Testimonios sobre la mora
En sus Memorias, Mademoiselle de Montpensier relata el difícil parto de la reina
y describe al recién nacido:
“Monsieur me contó lo difícil de la enfermedad de la reina, de toda la gente que
había cuando se trajo a Nuestro Señor, de cómo su primer capellán se había
desmayado de aflicción y el príncipe había reído y toda la gente junto con él de
la cara que puso la reina cuando vio que la hija que había dado a luz se parecía a un pequeño moro que el señor de Beaufort había traído, que era muy bonito
y que siempre estaba con la reina, y cuando se dieron cuenta que su hijo se le
podía parecer se lo llevaron, pero ya era demasiado tarde, que la niñita era
horrible, que no viviría y que no se lo dijera a la reina porque se moriría por
ello.” Voltaire, quien fue a ver a la mora al convento de Moret, privilegia la
tesis de una hija bastarda del rey. Escribe en su Siglo de Luis XIV: Ella era muy
morena y por lo demás se parecía a él. El rey le regaló veinte mil escudos de
dote al ponerla en un convento. La opinión que tenía de su nacimiento era
motivo de orgullo para ella, orgullo que molestaba a sus superioras. En un
viaje a Fontainebleau, Madame de Maintenon fue al convento de Moret y quiso
inspirar más modestia a la religiosa. Ella hizo lo que pudo para sacarle esa idea
que alimentaba su orgullo. Señora -le dijo la religiosa-, la molestia que se toma
una dama de su rango en venir a decirme que no soy la hija del rey, sólo me lo
confirma.

La reina abandonada
Durante los primeros meses del matrimonio, Luis XIV demuestra ser un marido atento. Pero
rápidamente su gusto por las mujeres bonitas comienza a pesar más, El no es hombre de
pasiones clandestinas toda la corte está al corriente de cada una de sus ruidosas relaciones.
Pero Maria Teresa quiere sinceramente al rey y sufre. "A veces perecía que su corazón
estallaba de tanta agitación, demostrando con esta emoción, que su corazón estaba
contento sólo cuando estaba junto al del hombre del que se quejaba”, cuenta la misma
Madame de Motteville. La reina llora frecuentemente, se siente abandonada y humillada.
Tiene algunas damas de honor para acompañarla, aun así permanece malhumorada y no le
gustan las intrigas de la corte. Un día, el turbulento duque de Beaufort, convertido en
almirante, trae consigo de uno de sus viajes un joven esclavo negro, un negrillo, como se
decía entonces, que ofrece a la reina para su distracción. El niño, bautizado como Nabo, se
revela impetuoso y de mente despierta. Seduce rápidamente y divierte el círculo íntimo de la
reina. Nace una moda, ya que se observa que los pintores representan negritos en el
decorado de sus grandes retratos. Pero un día de 1664, durante el embarazo de la reina,
llega la noticia que Nabo ha muerto súbitamente.

Un recién nacido inesperado
La reina tiene un embarazo difícil, parece inquieta y está frecuentemente enferma. La
mañana del 16 de noviembre del año 1664, siente los primeros dolores. El parto es largo y
difícil, se teme por la vida de la madre como por la del hijo. Después de varias horas, María
Teresa da a luz; es una pequeña niña negra. Ella da a luz a una pequeña niña mora (o sea,
negra), de lo que cree morir, dice Madame de Motteville.
La emoción es grande y la medicina del siglo XVII intenta encontrar explicaciones; el color
de la piel proviene de lo que comió la reina durante su embarazo, del clima demasiado frío o
demasiado caluroso y que a la niña le faltó aire durante el parto... No es fácil engañar a la
gente, pues nadie se ha olvidado de Nabo. Se dice que la niña es frágil de salud y cuarenta y
ocho días más tarde, un 26 de diciembre, muere.
Patín, médico y decano de la facultad, señala en su correspondencia: “la pequeña señora
tuvo convulsiones y murió esta mañana, ella era débil y delicada, jamás tuvo salud”. Este
hecho es recogido por varios cronistas: sin embargo, no se han encontrado relatos de
testigos directos de la muerte de la niña.

La religiosa de Moret
Treinta años más tarde, en 1695 (María Teresa murió en 1683), Madame de Maintenon
presenta al convento de las benedictinas de Moret a una joven mujer negra -una mora- para
que pronuncie sus votos solemnes y tome el hábito. Todo la corte está convidada a la
ceremonia, y el 15 de octubre el rey concede a la mora una pensión de 300 libras. Estas
disposiciones parecen en sí excepcionales, pero la atención que la familia real presta a esta
religiosa no hace más que acrecentar la sorpresa. Madame de Maintenon, antigua
gobernanta de los bastardos reales y desde ahora esposa secreta de Luis, va
frecuentemente a Moret para visitar a la mora. El Gran Delfín Luis, hijo del rey, y sus hijos
Luis y Felipe, también la visitan. ¿Quién es esta joven mujer que suscita tanta atención? Ella
no parece tener ninguna duda sobre su identidad. Saint-Simon cuenta que “le oyó decir
descuidadamente una vez, al oír que Monseñor (el Gran Delfín) cazaba en el bosque: es mi
hermano quien está cazando”.
Seria entonces la hermana, o media hermana, del Gran Delfín. Manifiestamente ella no
puede ser hija del rey y de la reina, pues ¿por qué milagro sería ella negra? Pero podría ser
hija de Luis XIV y de una mora. La hipótesis seduce al escritor Voltaire, el mismo que ideó
que la Máscara de Hierro fuese el hermano gemelo del rey. Sin embargo, esto es difícil de
imaginar. Las amantes de Luis XIV son conocidas, sus hijos registrados y las mujeres negras
escasean en la Francia del siglo XVII. Entonces la mora puede ser hija de María Teresa. En
ese caso, cómo olvidar a la niña nacida en 1664 y al negrito que creció rápidamente y que
tanto gustaba a la reina...

Las extravagancias de Luis XIV
Desde su adolescencia, el joven Luis no esconde su atracción por las mujeres.
Sus comienzos amorosos son más propios de un bulímico que de un gourmet,
según explica la princesa palatina: “Todo lo que fuese mujer estaba bien para
él, las campesinas, las hijas de jardinero, las sirvientas, las damas de calidad;
ellas sólo tenían que hacerse las enamoradas”.
De 1661 a 1683, sus conquistas ya no se contabilizan. Entre las más célebres
se puede destacar el nombre de Madame (Enriqueta Ana de Inglaterra, que
recién habia desposado al hermano del rey), también Mademoiselle de la
Valière, joven dama de compañía de Madame. El rey concibe ocho hijos con su
principal amante, Madame de Montespan, quien cayó finalmente en desgracia
por haber comprado afrodisíacos para usarlos con el rey y porque su nombre
apareció implicado en el caso de los venenos. Finalmente se enamora de la
viuda que crió a sus hijos ilegítimos: Madame de Maintenon. Es el crepúsculo
de su vida amorosa. Luis XIV, envejecido, aspira por fin a la calma. Madame de
Maintenon se hace desposar y rodea al rey de un ambiente devoto.

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