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Equipo Infinito.

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viernes, 1 de julio de 2011

La Isla del Paraíso, Las Travesías de San Brandan



Considerado sin razón durante mucho tiempo como legendario, san Brandan es uno de los grandes viajeros de la época celta. Durante siglos, los relatos apócrifos de sus viajes apasionaron a los lectores medievales.
Las distintas versiones de la Navegación de san Brandan (Navigatio Sancti Brandani) se escalonan entre los siglos IX y XIV, pero las copias de manuscritos aumentan sensiblemente a partir del siglo XII y su difusión se extiende por toda Europa. La fascinación que ejerce el personaje se explica por la convicción generalizada que descubrió la Isla de las Maravillas, es decir, el Paraíso terrenal.

Navegar en la época de San Brandan
Las embarcaciones de los celtas del siglo VI fueron construidas de acuerdo a los modelos antiguos que ya habían sido descritos por los autores romanos. Existen dos tipos: el primero, el coracle es muy liviano. Pieles de animales cosidas entre sí (las costuras eran untadas con manteca para impermeabilizarlas) son extendidas sobre una armazón da madera. Las estructuras que se fabrican así tienen de 4 a 12 m de eslora un ancho no superior a los 2,50 m y pueden llevar hasta dieciséis remeros. El coracle tiene un solo mástil amovible y no posee quilla saliente u orza. El otro tipo de embarcación usado es el pontón de madera, que tiene generalmente poco más de 20 m de eslora y 7 m de manga. La altura del casco del pontón alcanza los 3 metros. Tiene un mástil principal fijo de unos 15 m de altura, que lleva una vela cuadrada de 200 m, más un pequeño mástil en la parte delantera, muy inclinado, cuya vela de 50 m sirve especialmente para las maniobras, Navega en el mar mucho mejor que el coracle. Los instrumentos de navegación se limitan al antiguo "gnomon" (una variación del cuadrante solar) que se usa para comparar la hora local con la hora de salida que se calcula, con muchos errores con la ayuda de relojes de arena que se deben dar india cada... media hora. Aparentemente no existe una brújula primitiva ni ningún instrumento que permita calcular la velocidad. Para llegar a la tierra más cercana, se observa la dirección que toman unos cuervos sedentarios que son liberados para la ocasión, el procedimiento sólo es válido si no se está en medio del océano...

Los monjes navegantes
En los siglos V y VI, los monjes celtas, cuya tradición católica de origen oriental se opone en cierta medida a la que Roma intenta imponer en Europa continental, se adentran en el mar. Se proponen convertir a los paganos del oeste, lo que explica la importancia que reviste para ellos conocer las islas del Atlántico.
Por otra parte, en el evento que pudieran realizar el viaje hasta Jerusalén al menos una vez, se les recomienda exiliarse solos o en pequeños grupos en lugares apartados para hacer penitencia y construir eventualmente un monasterio. De este modo, se establecen en Islandia ya a fines del siglo V. Sin embargo, numerosos monjes ya no pueden integrarse a la vida común y pasan su tiempo viajando de isla en isla. La razón de sus vagabundeos radica en una esperanza loca: descubrir el paraíso terrenal que una tradición ubica con extraña certeza al otro lado del Atlántico.

Los primeros viajes de Brandan
Hacia el 506, Brandan, un hombre libre nacido en Irlanda alrededor del 484 y ordenado sacerdote por el año 504, vive en el país de Gales.
Unos quince años mas tarde, realiza, junto a una pequeña tripulación, su primer gran viaje hasta Islandia a bordo de una embarcación liviana llamada coracle. En el curso de uno de sus viajes a esta isla, entonces considerada como la antesala del Paraíso, una especie de "purgatorio moderno", divisa por primera vez, la capa de hielo que cubre el océano polar y los icebergs. Hacia el 527, esta vez acompañado por otros dos coracles, llega al parecer por primera vez hasta las Canarias, las islas de la Fortuna de los antiguos, luego toma rumbo hacia mar afuera. ¿Hasta dónde llega exactamente en este viaje? No sabríamos decir, ya que las diferentes fuentes tienden a confundir las peripecias de este viaje con las de la expedición siguiente, que fue de mucha mayor trascendencia.
Sin embargo, parece que después de haber viajado lentamente por el mar, los coracles deben enfrentar una terrible tormenta que hunde a dos de ellos con su tripulación y cargamento. Cuando vuelve la calma. Brandan y los sobrevivientes divisan desechos vegetales flotando en el agua que indican la proximidad de una tierra occidental. Demasiado afectados los marinos deciden sin embargo devolverse: el viaje no logra cumplir su objetivo.

Rumbo al Paraíso
Unos quince años más tarde, probablemente en 544 - 545 (a la sazón Brandan ya tiene casi sesenta años y vive en Bretaña), el monje emprende una nueva expedición. Esta vez se embarca en un sólido navío de madera, un pontón, y después de hacer otra vez escala en las Canarias, se lanza a la conquista del Atlántico. Nuevamente, los textos relatan las dificultades de una larga travesía en alta mar y mencionan una tempestad. Luego los navegantes descubren, flotando en el agua hojas de palmera y extrañas cáscaras cubiertas de fibras, sin duda nueces de coco. Este detalle es muy importante, ya que los textos que lo citan datan de una época en que estos frutos todavía no se conocían en Europa. Unos días después, el barco llega finalmente a una gran isla tropical. La descripción de esta isla y la de la corriente marina que la rodea antes de internarse hacia el este hacen pensar que podría tratarse de Cuba. Brandan desembarca ahí y se establece por cierto tiempo, luego vuelve a Bretaña, a la que llega dos años después de su partida. Los textos afirman que ha pisado el suelo del Paraíso terrenal.

¿San Brandan, un personaje histórico?
Aunque no existan razones para dudar de la existencia de Brandan, monje-navegante de la primera mitad del siglo VI, nada indica que todas las hazañas que le atribuyen los manuscritos le correspondan específicamente a él. Es posible que la celebridad medieval del monje viajero y de su isla Maravillosa hayan llevado a atribuirle la paternidad de viajes o episodios de viajes que pudieran corresponder a otros navegantes celtas que se mantuvieron en el anonimato. Es sabido que los textos hagiográficos deben manipularse con mucha prudencia. Sin embargo, la veracidad y los detalles de gran cantidad de descripciones (los icebergs y las nueces de coco) ponen en evidencia que fueron hechas a partir de testimonios reales. Por otra parte, existen muchos indicios que sugieren que desde la antigüedad, el océano Atlántico era mucho más frecuentado de lo que pensamos. El viaje hasta las islas americanas es entonces menos improbable de lo que parece, y es muy legítimo que Brandan, u otro marino celta, pueda ser considerado como un precursor del gran Cristóbal Colón.

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