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lunes, 4 de julio de 2011

Mesmer y el Mesmerismo, El Magnetismo Animal ¿ficción o realidad?



En la segunda mitad del siglo XVIII, París se apasionó por un nuevo procedimiento, el magnetismo, que parecía obrar curaciones milagrosas. El método es rechazado por la medicina oficial, lo que no le impide dar origen a un cierto número de descubrimientos científicos.
En 1779, Mesmer, fundador del magnetismo, publica su Memoria sobre el descubrimiento del magnetismo animal. En veintisiete artículos expone su doctrina y el texto se transforma en la carta fundamental en la que se apoyan todos sus fieles.

Las "cubetas" de Mesmer
Mesmer trata a sus pacientes alrededor de las cubetas transformadas en una suerte de aparatos que distribuyen el magnetismo. Para ello, se sumergen imanes y una mezcla de limaduras de fierro, vidrio molido y azufre en recipientes de agua unidos entre sí por alambres. Los pacientes deben hundir en ellas varillas de fierro articuladas, las que pueden dirigir sobre sí mismos y sobre las partes enfermas de su cuerpo. Del mismo modo deben tomarse de las manos para recibir las ondas de corriente magnética y formar así una cadena. Es necesario que la sesión colectiva se realice en la penumbra y en silencio, y todos deben permanecer inmóviles. Sólo Mesmer se mueve en la habitación, imponiendo las manos sobre los pacientes o tocándolos con una varilla. Sin embargo, algunas veces se permite que haya música.

El magnetismo animal
Nacido en Alemania en 1734, Franz Anton Mesmer estudió medicina en la Escuela de Viena y obtuvo su diploma en 1766. Por esta época ya era doctor en filosofía. Abre su consulta en Viena y, en 1772, comienza a experimentar con el método magnético en sus pacientes. Se apoya en el postulado de que existe un fluido universal que interactúa con los cuerpos celestes y otros cuerpos animados. Esta influencia mutua tiene como resultado un flujo y un reflujo que actúan sobre los hombres, insinuándose en la sustancia de los nervios. De acuerdo con esta teoría, todas las enfermedades provienen de una mala repartición de este fluido al interior del cuerpo. Al ser la unión entre el hombre y el universo del mismo tipo que aquella existente entre los objetos imantados, sólo se necesita drenar dicho fluido por medio de un imán (magnetismo mineral) para restablecer el equilibrio en el organismo.

Mesmer trata a sus pacientes aplicándoles, en primer lugar, imanes que hace fabricar por los obreros del Observatorio de Viena, a fin de que se adecuen a las diferentes partes del cuerpo. Luego, utiliza la imposición de las manos y abandona los imanes. Pasa así del "magnetismo mineral" al "magnetismo animal".

Controversias y éxitos
La terapéutica de Mesmer consiste en una imposición de las manos o "traspaso" localizada o general, dependiendo de la enfermedad. Esta debe devolver la tonicidad nerviosa a los pacientes y eliminar dolores y tics nerviosos. El primer relato sobre este tratamiento se refiere a un tal Osterwald, miembro de la Academia de Baviera, a quien Mesmer habría sanado casi milagrosamente de una parálisis y de una ceguera total. Pero el hospital general de Viena rehúsa autentificar esta curación. Es la primera confrontación entre Mesmer y la medicina oficial, la que negará siempre toda legitimidad a sus prácticas.

Mesmer parece sin embargo, obtener resultados. El gran duque de Baviera, Maximiliano José, le invita dos veces a Munich para que exponga su método. Y se vuelve realmente famoso con la curación del barón Horka, que sufría de espasmos en la faringe y a quien ningún médico había podido sanar hasta entonces.
Pero en 1775, la Academia de Berlin publica una carta en la que trata al magnetismo de mistificación. De todos modos, Mesmer continúa con sus tratamientos. Sin embargo, después de muchos fracasos y de la continua oposición de los médicos, abandona Viena en 1778 y se instala en Paris. Al año siguiente la publicación de su Memoria sobre el descubrimiento del magnetismo animal despierta una enorme curiosidad y le asegura el éxito.

La "cubeta" de Mesmer
Al observar que las propiedades del imán pueden transmitirse a otros objetos, por ejemplo a la barras de fierro, Mesmer piensa que el magnetismo animal podría también transmitirse, en particular al agua. Es así que inventa su famosa "cubeta" y desarrolla experimentos de "magnetismo colectivo". Este magnetismo colectivo puede alternarse con el "magnetismo individual" que puede practicarse en el domicilio del enfermo. Entonces, Mesmer se lanza a practicar manipulaciones que se limitan al órgano enfermo del paciente. En general, prescribe muy pocos medicamentos.
Entre los años 1783 y 1784, el mesmerismo se transforma en la curación "de moda" y es entonces que la Facultad de Medicina obtiene que se dicte una prohibición de las sesiones, lo que despierta la cólera de los pacientes y de la opinión pública. Debido a este asunto, Luis XVI decide crear dos comisiones para que se encarguen de estudiar el fenómeno. Su veredicto no tiene apelación. Su conclusión es que el fluido universal no existe e insisten sobre el papel que juega la imaginación en la práctica del magnetismo. Un último informe señala que el mesmerismo puede ser peligroso para las costumbres por sus connotaciones sexuales (debido al contacto que se requiere para la imposición de las manos).

Del magnetismo al hipnotismo
Desengañado y en vista de que la práctica del magnetismo le estaba prohibida a pesar de las curaciones atestiguadas por los enfermos, Mesmer se retira a Constancia donde vive apaciblemente hasta su muerte, en 1815. Pero sus discípulos, entre ellos el marqués de Puysegur, continúan con su obra. En 1784, Puysegur se sorprende al ver que sus pacientes se duermen cuando les hace la imposición de las manos. Es así como descubre el fenómeno del sonambulismo artificial, el que llama sueño espasmódico. El cirujano inglés James Braid reemplaza en 1843 la palabra sonambulismo por hipnotismo. Finalmente el profesor Charcot (1825-1893), un neurólogo que ejerce en el Hospital de la Salpetriere, utiliza a su vez el hipnotismo en sus terapias. El mesmerismo fuertemente atacado por los médicos durante la vida de su creador, conoce entonces una larga descendencia en el seno de la medicina oficial.

La teoría del fluido universal
Mesmer postula la existencia de un fluido universal. Según él, existe una influencia mutua entre les cuerpos celestes, la Tierra y los cuerpos vivientes. Esta influencia se ejerce por medio de un fluido que se extiende por el universo sin dejar vacío alguno. En esta teoría se muestra heredero de varios autores y filósofos como Platón, con sus ideas del alma del mundo y de la materia prima; también de Aristóteles, con su doctrina del quinto elemento llamado éter o "primer cuerpo". Estas teorías, retomadas por el hermetismo, dan origen a la noción alquimista de fluido. Para los alquimistas, la materia prima es un caos, una sustancia absoluta y omnipresente. La energía universal, al unirse a ella, forma al mundo y a todos los seres que lo habitan y se transforma en el principio vital único. El médico y alquimista suizo Paracelso (1493-1541) estima de este modo que la luz tiene actividad y su acción se ejerce sobre el caos primitivo y ve en el aura, desdoblamiento psíquico del cuerpo humano, una manifestación del principio vital universal. La doctrina espiritista otorga un lugar importante a la noción de fluido, ya que éste llega a ser el agente intermediario del que se sirven los espíritus para manifestarse al mundo sensible. El espiritismo moderno le da un nombre más científico, utilizando el término de onda o de radiación.

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