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Equipo Infinito.

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miércoles, 3 de agosto de 2011

Los Misteriosos Dogones ,Unos africanos que conocen los secretos del cielo



Sobre los acantilados de la reseca meseta de Bandiagara, en Mali, viven los dogones, un pueblo que habría sido como tantos otros si no hubiese poseído extrañas nociones de astronomía.
Vertidos de quién sabe dónde, los dogones aparecieron en los alrededores del siglo XIV en la meseta que ocupan hasta hoy. A partir de 1931, el antropólogo francés Marcel Griaule, secundado por la etnóloga Germaine Dieterlen, comenzó a investigar su cultura.

Mitos africanos sobre el origen celeste del hombre Los dogones no son el único pueblo africano en creer que la humanidad tiene un origen celeste. En casi todos los pueblos de ese continente, los dioses que se veneran se confunden con los antepasados de las tribus, a menos que sean de los elementos naturales, también divinizados, que han nacido los héroes fundadores de tas diferentes tribus.
Los masais de Kenia: los dioses engendraron en el cielo un pueblo inmortal y de piel clara, algunos de cuyos miembros descendieron a instalarse sobre la Tierra.
Los asantis de Gana: siete seres humanos, creados por Dios, bajaron a la Tierra por una cadena y dieran origen a la humanidad antes de regresar a vivir en el cielo.
Los zibas de Tanzania: Rugaba, su principal dios, vive en un lejano lugar en el cosmos. Está rodeado por seres fantasmales y tuvo que hacer un largo viaje a través de las tinieblas antes de llegar a la Tierra para crear al primer hombre.
Los bembas de Zambia: el dios Kabézya bajó a la Tierra, que sólo era un desierto cubierto de barro, para ordenar las aguas y crear allí a los animales, las plantas y a la primera pareja humana.
Los pendes del Congo: después de haber hecho el universo, el dios Mawézé tomó una esposa y engendró él mismo a todos los pueblos de la Tierra. Luego regresó al cielo llevando a algunos hombres con él, los que volvieron después trayendo consigo el fuego.
Los ibos de Nigeria: los dos primeros reyes de ese pueblo bajaron del cielo y se establecieron al principio sobre un gigantesco nido de termitas para luego ampliar progresivamente su reino.
Los zulúes de África del Sur: cada tribu de raza pura cree que sus antepasados descienden de unos seres celestiales.

Los compañeros de Sirio
Los dos franceses se vieron de pronto sorprendidos por la riqueza de la cosmogonía dogona, de la que encontraron algunos de sus elementos principales en otras tres tribus de la región: los bambaras, los bozos y los miniankas. Para los dogones, las estrellas fueron creadas por el dios Amma al lanzar al cosmos bolitas de tierra. Luego, de la misma manera, formó la Tierra a partir de un bloque de arcilla y creó el Sol y la Luna al fabricar dos vasijas de barro blancas. Se unió carnalmente con la Tierra y de ella tuvo a Nommo, varón y hembra al mismo tiempo, que procreó ocho hijos de los que descienden cada una de las ocho tribus dogonas.
Cada cincuenta años, los dogones organizan una gran fiesta llamada Sigui, destinada a regenerar al mundo, para esa ocasión, fabrican máscaras que guardan después. Estas máscaras constituirían una especie de archivos para su pueblo. En 1946, Griaule y Dieterlen fueron iniciados por un sacerdote, quien les fue descubriendo poco a poco la visión total que los dogones tenían sobre el universo. Y de esta forma descubrieron algunos extraños misterios, siendo el más curioso de ellos el relacionado con la fiesta de Sigui.

La periodicidad de esta fiesta está determinada por las supuestas rotaciones de una estrella muy pesada, invisible a los hombres y con una gran masa, que completaba una revolución en torno a Sirio cada cincuenta años, siendo Sirio el astro más brillante de todo el firmamento.
Los dogones llaman Po Tolo a esta estrella invisible. Sin embargo, la existencia de esta compañera de Sirio, invisible desde la Tierra y llamada desde su descubrimiento Sirio II, recién fue confirmada en 1862 por el norteamericano Alvan Clarke a partir de cálculos efectuados en 1844 por el astrónomo alemán Bessel. Y Sirio B gira en tomo a Sirio en una órbita de alrededor de 51 años. Se sabe hoy que esta estrella es pequeña, pero que tiene una masa extraordinariamente grande, al igual que en la cosmogonía doguna: es lo que se llama una enana blanca, pero la cosmogonía dogona supone también que existe una tercera estrella llamada Emma Ya, mucho más liviana que Po Tolo y que gira, en el mismo sentido que ella, sobre una órbita mucho mayor.
En torno a esta tercera estrella gravitaría el planeta del que provendría Nommo, el gran ancestro. Ahora bien, hoy día algunos astrónomos piensan que, efectivamente, podría existir un segundo compañero de Sirio, bautizado hipotéticamente Sirio C...

Cómo explicar lo inexplicable
Los dos científicos franceses se dedicaron a describir los mitos dogones sin abordar el espinudo problema acerca de su origen. El norteamericano Roberto Temple, miembro de la Real Sociedad Astronómica inglesa, no tuvo esos escrúpulos.
En un libro publicado en 1976 titulado El misterio de Sirio, explicó que unos extraterrestres venidos de Sirio, o del supuesto planeta que gravita en torno a Emma Ya, entregaron a los antepasados de los habitantes de los acantilados de la meseta de Bandiagara sus conocimientos sobre el universo. Los mitos dogones actuales conservan, por lo demás, el recuerdo de un "arca venida del cielo"... Aunque esta explicación es inaceptable, desgraciadamente no ha podido ser reemplazada por una hipótesis racional.
Algunos occidentales piensan que los dogones elaboraron su sistema cósmico, que incluye, además, algunos conocimientos precisos sobre la galaxia, Júpiter, Saturno y la luna al tomar contacto con la civilización europea durante la colonización francesa. Nuevamente, esta teoría es indefendible si se toma en cuenta la antigüedad de algunos de los mitos. Más sutilmente, el canadiense Miguel Ovenden postuló en los años 70 que los dogones habrían tenido contacto durante el siglo XVII con la universidad musulmana de Tombuctú, depositaria de los conocimientos de los antiguos griegos, egipcios y sumerios. Pero esta pista sólo traslada el problema un poco más atrás, puesto que supone que los sabios de la Antigüedad tenían conocimientos sorprendentes de astronomía. Si alguna vez se llega a probar la existencia de Sirio C, el problema acerca del origen de estos conocimientos sería aún más desconcertante.

Los dogones, Sirio y los egipcios
Tanto para el norteamericano Roberto Temple como para el canadiense Miguel Ovenden, los conocimientos de los dogones se remontarían a la Antigüedad y especialmente al Egipto antiguo. Pero, para el primero, los testimonios serian los que habían revelado a los egipcios los misterios de Sirio... la "prueba" que entrega este autor que existiría un lazo entre la cosmogonía dogona y los mitos egipcios estaría en que ambos llaman "estrella ojo" a la estrella Po Tolo (Sirio B) aunque este nombre no es utilizado por los dogones sino por una tribu vecina. Ahora bien, Osiris, que acompaña a Isis es representado en los jeroglíficos como un ojo. Por otra parte, se le describe con la piel oscura o negra, metáfora que podría atribuirse a la invisibilidad de la estrella. Roberto Temple dedujo de todo esto que Osiris y Po Tolo son el mismo, así como lo son Sirio e Isis... Ciertamente, el origen y la historia de la difusión de los mitos pueden reservar algunas sorpresas, pera esta explicación parece, por lo menos, un poco difícil de aceptar...

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