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Desde ya les agradezco a todos y pido disculpas si no se agrega la fuente por que muchos correos no la poseen y para no cometer errores no se agrega pero en este pequeño equipo estamos muy agradecidos para con todos. Muchísimas Gracias a todos en general por su valiosa información y por su cordial atención.

Equipo Infinito.

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jueves, 5 de enero de 2012

Leyenda De Los Ríos Neuquén, Limay y Negro


Neuquén y Limay eran hijos de dos caciques que tenían sus toldos, uno al norte y el otro al sur. Un día escucharon una dulce canción que provenía de la orilla del lago. Hacia allí se dirigieron y sus ojos se dilataron al descubrir una linda joven mapuche de largas trenzas negras. –“¿Cómo te llamas?” -inquirió Limay – “Me llamo Raihué” - contestó ella bajando sus negros ojos. Ambos muchachos se enamoraron de la hermosa joven y ya en el camino de regreso sintieron que los celos rompían su antigua amistad. Cuando su distanciamiento se fue acentuando con el pasar de las lunas, preocupados sus padres consultaron a una machi, quien les explicó la causa de la enemistad de sus hijos. De común acuerdo propusieron a los jóvenes una prueba. –“¿Qué es lo que más te gustaría tener? “- preguntaron a Raihué (flor nueva). – “Una caracola para escuchar en ella el rumor del mar” - contestó. – “El primero que llegue hasta el mar y regrese con el pedido, tendrá como premio el amor de Raihué” - sentenciaron unánimemente los padres. Consultados los dioses, convirtieron a los dos jóvenes en ríos y empezaron el largo camino hacia el océano. Pero el espíritu del viento, envidioso por no haber sido tomado en cuenta, comenzó a susurrar al oído de la joven enamorada: -“¡Neuquén y Limay jamás volverán! Las estrellas que caen al mar se convierten en hermosas mujeres que seducen a los hombres aprisionándolos en el fondo del mar. ¡Nunca los volverás a ver!”. El corazón de Raihué se fue marchitando de angustia y dolor con estos pensamientos, al ver pasar el tiempo sin que sus amados regresaran. Se dirigió entonces a la orilla del lago donde había conocido el amor y extendiendo sus brazos ofreció su vida a Nguenechén (Dios), a cambio de la salvación de los jóvenes. Dios escuchó su oración y la convirtió en un frondoso árbol cuyas raíces fueron penetrando en la húmeda tierra y elevando su frondosa copa hacia el cielo. El envidioso viento voló a contarles lo acaecido a los jóvenes, que salvando mil obstáculos, corrían hacia el mar. Sopló con tanta fuerza que desvió el curso de los ríos hasta juntarlos para darles la noticia y gozar con su dolor. Cuando comprendieron que Raihué había muerto de amor por su causa, depusieron todo su resentimiento anterior y se abrazaron estrechamente vistiéndose de luto por su amada. Así, unidas sus aguas para no separarse más, siguieron su camino hacia el mar, dando origen al Río Negro.

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